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divendres, 28 de desembre del 2018

Tus hijos van a ver porno en Internet, asúmelo


Seguro que después de leer el título más de uno se ha puesto a pensar en esta realidad, y a recordar cuándo fueron las primeras veces que visteis algo pornográfico. Quizás fue en la librería, en esa sección de revistas que había que mirar como de reojo; quizás en la calle, porque algún amigo había logrado hacerse con una; o quizás fue ya en Internet, en alguna de las múltiples páginas que ofrecen este contenido de manera gratuita.

Pues si en nuestra adolescencia fue relativamente fácil acabar viendo porno, ¿cómo no van a verlo ahora nuestros hijos, si lo tienen disponible en Internet, a golpe de clic?



Llegados a este punto, ¿qué podemos hacer? ¿Quitamos la fibra? ¿Nos vamos a una isla desierta? ¿Ponemos filtros? ¿Les prohibimos ir a casa de los amigos? ¿O quizás deberíamos empezar a trabajar este tema con ellos, sabiendo que es inevitable?

Es una de las preguntas más importantes al respecto. Una vez asumimos que antes o después acabarán delante de Internet viendo escenas porno muy diversas, la mayor duda por nuestra parte radica en saber qué repercusiones puede tener, y sobre todo cómo les puede afectar según sea la edad que tengan.

dimarts, 13 de setembre del 2016

PERÚ: La cultura de la violación

Hace poco la congresista Indira Huilca afirmó que el Perú es un “país de violadores” y varios se rasgaron las vestiduras. Entre otros argumentos, se dijo que era una generalización grosera y no faltó quien hiciera proyecciones cuantitativas para defender el honor de los hombres peruanos (¡#Niunomenos!), desestimando la llamada de atención sobre la gravedad de un problema cuyas principales víctimas son mujeres.





De hecho, la violencia sexual en el Perú es endémica. La violación que seis sujetos perpetraron contra Lucy (15) en Ayacucho, desgarrándola hasta matarla, forma parte de una problemática que no es excepcional. Según un estudio de Jaris Mujica (2011), somos los primeros en Sudamérica en denuncias por violación. Sin embargo, no basta con hablar de cantidad, urge visibilizar y cambiar lo que está a la base: una sociedad con una cultura de la violación íntimamente asociada con la organización de las relaciones de género y la sexualidad.

Como dice Virgine Despentes (2007) “Nos obstinamos en hacer como si la violación fuera algo extraordinario y periférico, fuera de la sexualidad, evitable. Como si concerniera tan sólo a unos pocos, agresores, y víctimas, como si constituyera una situación excepcional, que no dice nada del resto. Cuando por el contrario, está en el centro, en el corazón, en la base de nuestra sexualidad”