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dimecres, 2 de gener del 2019

Necesitamos un cambio profundo para evitar la extinción humana


Muy pocos quieren reconocerlo; muy pocos quieren ocuparse del origen de esta amenaza: la humanidad puede desaparecer en este siglo por el consumismo, la violencia y la depredación que se exacerba en todo el mundo; puede desaparecer por los peligros inherentes a las modernas tecnologías, por el calentamiento global y por la globalización del desastre ecológico.




La modernidad se encuentra afectada por una enfermedad terminal, pero, antes de morir se torna más peligrosa y destructiva. Los años por venir serán decisivos para la supervivencia de la humanidad; antes de diez años pueden aparecer los primeros colapsos mundiales; puede aumentar la violencia en grado nunca visto en la historia. Vivimos un ambiente cada día más enrarecido.

La situación es de tal manera peligrosa que necesitamos hacer un alto en todo lo que hacemos, frenar nuestras actividades habituales y hacer una prolongada meditación en torno a los desechos tóxicos, a las contaminaciones del aire, al envenenamiento de los mares, ríos, lagos, humedales, a la degradación de los suelos, a la muerte de los bosques y selvas, a la desaparición del agua limpia, al desastre climático, a la miseria, inseguridad y militarismo creciente, al desquiciamiento de la sociedad y de la persona humana, a la destrucción de las culturas milenarias y a la desarticulación de los valores en la sociedad moderna. Desentrañar como llegamos a este desastre y como podemos salir de él.

divendres, 23 de novembre del 2018

CONSUMISMO Contra el Black Friday: Día sin compras, Repair Café y Green Friday


Son varias las teorías sobre la procedencia del término Black Friday, pero lo que ha quedado bien claro es que se ha convertido en una de las principales fiestas del consumo en solo unos años. Todo tipo de comercios y empresas de venta de productos se han lanzado a publicitar sus ofertas para este viernes. Las vallas publicitarias, las marquesinas de las paradas del bus, los banners publicitarios y los anuncios de televisión se llenan de reclamos para que salgamos a comprar durante dicha jornada.




Pero ante esta oleada consumista, existen diques de contención en forma de campañas por parte de organizaciones ecologistas y activistas para contrarrestar la fiebre del consumo y la publicidad. Desde promover la reparación y reutilización de objetos para luchar contra la obsolescencia programada, al llamamiento a no comprar nada durante ese día, son varias las iniciativas para este Black Friday. 

dilluns, 22 d’octubre del 2018

Felicidad de usar y tirar. El consumismo se alimenta del aislamiento


El consumismo se alimenta del aislamiento y de la desconexión que provoca un modelo de “felicidad” basado en la insatisfacción.

“El secreto de la felicidad no es casarse o tener un hijo, sino viajar”. Así titula un periódico un “artículo” que aparece en su versión digital y que hace referencia a los resultados de una encuesta que hace Booking.com, una página de viajes. Las decenas de miles de viajeros empedernidos que comparten este artículo en Facebook y en Twitter parecen no reparar en que el artículo da como receta para la felicidad precisamente lo que vende: viajes.




Los medios de comunicación también hacemos juego a estos altos niveles de insatisfacción y de infelicidad con nuestro bombardeo de noticias negativas y de tragedias. El consumismo se alimenta del aislamiento que surge del miedo y de la desconexión que provocan las amenazas a un sobrevalorada zona de confort que se suele confundir con una felicidad auténtica, imperfecta.

dissabte, 17 de març del 2018

CONSUMO: Consumiendo felicidad


En el Día Internacional del Consumidor nos planteamos si el consumo realmente sirve para conseguir la felicidad, o todo lo contrario.

Cuestionarnos la forma en que entendemos el consumo es la pieza clave para poder conocer a fondo su relación con la felicidad. Si hoy, en una buena parte del mundo no somos capaces de entender la felicidad sin vincularla a nuestro sistema de producción y consumo debemos intentar profundizar acerca de cuáles son las herramientas que utiliza este sistema para hacernos creer que cuanto más participemos en él, más felices seremos.



Mercantiliza nuestra vida. Todo es susceptible de compra y venta, menospreciándose así el papel de la comunidad y los valores de la cooperación, lo colectivo y la solidaridad, que precisamente serían los secretos del éxito de nuestra especie. 

divendres, 23 de febrer del 2018

CONSUMO: El consumo de la felicidad


La autora del texto analiza la relación entre el consumismo y la crisis ecosocial. Pero ¿qué relación tiene la sociedad de consumo con la felicidad? ¿Puede ayudar la búsqueda de la felicidad a generar sociedades más sostenibles y justas? ¿Consumimos felicidad?

En una sociedad marcada por la centralidad de los indicadores económicos y por el crecimiento continuo, podríamos pensar que es este factor el que más efectos tiene en la felicidad de las personas. El economista Richard Easterlin [1], comparó la evolución de los ingresos y la percepción de felicidad. Demostró que el aumento de riqueza lleva aparejado un incremento de satisfacción hasta un cierto umbral pero que una vez superado este, la felicidad no crece paralelamente.




Así, el incremento de riqueza que se produjo en Estados Unidos entre 1945 y 1974, que duplicó el Producto Interior Bruto (PIB), no supuso un aumento relevante en la tasa de felicidad de su población. Su teoría sugiere que, una vez que las necesidades básicas están cubiertas, las políticas deberían centrarse en aumentar la satisfacción a través de medidas de articulación comunitaria y de redistribución de la riqueza y no en el crecimiento económico. En este sentido, “la economía de la felicidad”, pone en cuestión la teoría tradicional económica que afirma que cuanto mayor sea el nivel de ingresos de un individuo, mayor será su nivel de felicidad y da énfasis a la importancia de la felicidad social, que se da en entornos solidarios, equitativos, afianzados en la comunidad, con menor polarización social y violencia estructural, y que suponen calidad de vida de todas las personas.

dijous, 31 d’agost del 2017

Hacia la recuperación del encanto de la cultura de izquierda


Hoy por hoy, es difícil negar el “encanto” de la cultura del capitalismo neoliberal globalizado, que es, dicho resumidamente, la cultura de la derecha. Consumismo, éxito fácil, individualismo, marcas, ostentación, viajes, turismo, carros de lujo y actitud competiviva, entre otras cosas, expresan la vigencia de valores, creencias y comportamientos emanados de la cultura mercantilista predominante.

Como ha destacado George Ritzer[1], los megacentros comerciales, las supertiendas, los parques temáticos, los casinos y el turismo exquisito (o con pretensiones de serlo) sos las islas de fantasía que el capitalismo globalizado ha creado para el disfrute de unos consumidores deseosos de nuevas experiencias que los liberen de los temores e incertidumbres que se generan ahí afuera, en la realidad real.



El mayor éxito de la cultura de derecha predominante es haber impuesto sobre sectores amplios de la sociedad, principalmente en la clase media, la aspiración a “ser como los ricos”, lo cual quiere decir comportarse como ellos, desear lo que ellos desean, pensar como ellos y buscar poseer, a toda costa, lo que ellos poseen. Y como esto último es imposible que se logre a plenitud, no queda más remedio que acceder, aunque sea de forma limitada, a aquello que --asociado al estilo de vida de los ricos y famosos-- el mercado ofrece a quienes puedan pagarlo[2].

En términos gramscianos, ese es el modo cómo las derechas alrededor del mundo han impuesto su hegemonía: por la vía de una cultura del consumo y del éxito fácil. Con esa cultura, han logrado “encantar” no sólo a amplios sectores populares y de clase media, sino también a intelectuales (universitarios, artistas, periodistas) y a personas de izquierda, que no han resistido el “embrujo” de todo lo que ofrecen, en términos de “buena vida”, los bienes y servicios que muestran la publicidad, las vallas comerciales y los escaparates en los centros comerciales. 

dimecres, 3 de maig del 2017

AMAZONIA: Foro Social Panamazónico: debemos cambiar el modelo energético extractivista y consumista



La Amazonia abarca aproximadamente el 40% del territorio latinoamericano, resguarda casi el 20% del agua dulce del planeta y conserva en sí, gran parte de una biodiversidad aún desconocida y otra que ha aportado con importantes alimentos, medicinas, identidades, oxígeno; y aun así, es parte de un submundo en proceso de destrucción por la ambición humana.

Como fue durante la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático o COP21[1], los pueblos indígenas presentes en el VIII Foro Social Panamazónico, han vuelto a ratificar sus propuestas para defender la Amazonía. A ellos, se ha sumado el conjunto de colectivos que en los diversos espacios temáticos previos al inicio de las sesiones formales del FOSPA, han enfatizado que debemos cambiar el modelo energético extractivista y consumista y caminar a propuestas del Buen Vivir o Vivir Bien.




Esta apuesta que ya viene siendo un eco frente al “llamado del Bosque”, tiene rostro de jóvenes y mujeres organizadas, tiene el rostro de organizaciones Latinoamericanas y de delegaciones de Europa, Asia y África buscando crear una sola voz.

El Foro arranca hoy con nueve temas seleccionados como estratégicos: Mujeres Panamazónicas-Andinas, Cambio climático y Amazonía, Soberanía y seguridad alimentaria, Megaproyectos y extractivismo, Educación Comunitaria Intercultural, Juventud Panamazónica Andina, Ciudades para vivir en la Panamazonía-Andina, Descolonialidad del Poder y autogobierno comunitario, Comunicación Panamazónica para la vida.

dimecres, 7 de desembre del 2016

“Compre usted para ser feliz”


Nos bombardean constantemente a través de los medios de transmisión o medios de adoctrinamiento: compre la casa de sus sueños, el reloj que le hará sentir bien...apueste su dinero al poker on line o cómprese un coche nuevo...y así hasta un sin fin de mensajes diarios a los que todos estamos expuestos por el solo hecho de encender la televisión, abrir el periódico o navegar por la red. “Si compra mi producto usted será feliz”, parece ser la consigna, y la consigna, generalmente, es creída.




La publicidad, en efecto, nos transmite directamente un mensaje claro: “debe usted comprar mi producto”, pero asociado a esto se nos “cuelan” una serie de mensajes o supuestos que a menudo pasan inadvertidos como también sus consecuencias, supuestos que son mayoritariamente aceptados. El primero de ellos es el de la infelicidad humana. Los seres humanos somos infelices ya que nos falta algo: nos falta un producto, la mercancía que se nos anuncia. Sin él, la vida no tiene sentido. El primer supuesto es por tanto que debemos creernos infelices.

El segundo supuesto es el que ya hemos comentado, que si compramos el producto nos sentiremos mejor. Veo al señor o a la señora que aparece en el anuncio y me transmiten felicidad, tienen una sonrisa de oreja a oreja; la familia que sale en el anuncio televisivo parece feliz, así es que mi familia y yo también lo seremos si adquiero el producto: debo comprar.

diumenge, 9 d’octubre del 2016

Hacer o tener, he ahí el dilema


Cuando hacemos alguna cosa solamente con el objetivo de tener más, quizás estamos tomando un rumbo incierto. Los bienes, el dinero, los objetos materiales son sumamente impredecibles: vienen y van. Hoy están aquí y tal vez mañana ya no. Pero si sabemos hacer, si hacemos bien lo que hacemos, siempre habrá una oportunidad de volver a comenzar.



Quienes están más preocupados por tener que por hacer, son capaces de dedicar toda su vida a un trabajo que, en el fondo, detestan. O que les proporciona muy pocas satisfacciones. Si les preguntas, te dirán que deben hacer ese sacrificio porque les pagan bien. De esta amanera, terminan teniendo lindas casas en las que nunca están, bellos muebles que jamás usan, hijos para los que no tienen tiempo, parejas para las que no tienen cariño, etc.

divendres, 7 d’octubre del 2016

Descubre cómo nos engañan las grandes corporaciones


Según especialistas, la publicidad es parte integral de la economía de consumo, si no se estimula el deseo del consumidor, no serían posibles las ventas y la creación de nuevas necesidades.

Ambos productos cumplen una función de lavado de las prendas de vestir y poseen activos químicos, la única diferencia es la presentación comercial.





Pollos hacinados, lo que dice la etiqueta no refleja la realidad. Palabras como “Producto fresco de la granja”, “100% Natural” o “Producto seleccionado”, muchas veces aparece en las etiquetas de los alimentos de carnes, lácteos, entre otros. Sin embargo, los animales se encuentran en estado de confinamiento.



Para incrementar sus ganancias, muchas empresas infringen la ley explotando a niños en países pobres. En la actualidad, el mundo que nos rodea está intentando cambiar nuestro comportamiento constantemente, y lo que debemos buscar es cómo protegernos de esta economía de consumo y cómo hacer perceptible lo imperceptible 




dijous, 11 d’agost del 2016

PAN, ROSAS Y DVDS


Los procesos progresistas latinoamericanos basaron buena parte de su éxito en satisfacer las demandas de consumo de las mayorías populares. La primera década de este siglo supuso un ensanchamiento constante del acceso a bienes y servicios por parte de millones de personas que siempre habían estado ajenas a la lógica del consumo. Una vez solventada la emergencia social de sacar a millones de hombres y mujeres de la pobreza, el siguiente estadio consistió en proveerles de toda suerte de productos. Se hacía realidad el grito con el que las obreras del textil de Massachusetts, en 1912, exigían mejores condiciones de vida: “Queremos pan, pero también rosas”. En estos años ha habido pan, ha habido rosas y también ha habido ropa y calzado, electrodomésticos, tecnología, computadoras y teléfonos celulares, Internet, vacaciones, ocio, cultura, cosmética, automóviles y motocicletas…




En los últimos tiempos, se extiende la explicación de que las derrotas electorales de los gobiernos progresistas se deben a su incapacidad para satisfacer estos niveles de consumo jamás alcanzados en la historia del subcontinente. La desaceleración de la economía mundial a partir de la crisis de 2008 provocó una reducción de la necesidad de materias primas y, consecuentemente, una drástica merma de los ingresos de unas economías fundamentadas todavía en un extractivismo primario. Ya no había dinero para sostener la insaciable demanda interna.

Para apuntalar este argumento hay que reducir a la persona a la condición de consumidor-elector