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divendres, 16 de febrer del 2018

Ni uno de nosotros en las calles


“Llamamiento a los hombres a secundar la Huelga Feminista convocada para el 8 de Marzo de 2018. Llamamos a no acudir a los puestos de trabajo productivo. Llamamos a ocupar, por fin, nuestro lugar en el trabajo reproductivo”, proclama Vallekas Antipatriarcal.




Cuando recibí el borrador: ¿ERES HOMBRE Y QUIERES SUMARTE AL PARO/MARCHA DE MUJERES DEL #8M? con una lista de sugerencias sobre lo que los hombres podríamos hacer, me sorprendió no encontrar ningún punto, entre los doce mencionados, que llamara a secundar la convocatoria de huelga al hombre, al varón. 

Contrastando esta observación con una compañera, comprendí que solo existe un escenario para este supuesto [hipotético] de acompañamiento: secundar la huelga, en esta ocasión, significa hacernos cargo de las actividades de cuidados y el trabajo doméstico. Y lograr que ni uno solo de nosotros acuda a las concentraciones y manifestaciones ese día, no realice ninguna otra actividad que no sea reproductiva.

divendres, 10 de març del 2017

La mujer en el cambiante mundo del trabajo


En todo el mundo, demasiadas mujeres y niñas dedican un número excesivo de horas a las responsabilidades del hogar; habitualmente, destinan a estas tareas más del doble de tiempo que los hombres y los niños. Ellas cuidan a sus hermanas y hermanos más jóvenes, a sus familiares ancianos, a las enfermas y los enfermos de la familia, y realizan las labores del hogar. 

En muchos casos, esta división desigual del trabajo tiene lugar a expensas del aprendizaje de las mujeres y las niñas, y de sus posibilidades de obtener un trabajo remunerado, hacer deporte o desempeñarse como líderes cívicas o comunitarias. Esto determina los patrones de desventajas y ventajas relativas, la posición de las mujeres y los hombres en la economía, sus aptitudes y lugares de trabajo.


Trabajadoras de la construcción, en una obra de Río de Janeiro, en Brasil.


Este es el mundo inmutable del trabajo sin recompensa, una escena familiar de futuros desolados en todo el mundo; las niñas y sus madres sostienen a la familia con trabajo sin paga y su trayectoria de vida es muy distinta de la de los hombres del hogar.

Queremos construir un mundo del trabajo distinto para las mujeres. A medida que crecen, las niñas deben tener la posibilidad de acceder a una amplia variedad de carreras, y se las debe alentar a realizar elecciones que las lleven más allá de las opciones tradicionales, en las áreas de servicio y atención, y les permitan conseguir empleos en la industria, el arte, la función pública, la agricultura moderna y la ciencia.


Este es un artículo de opinión de Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres. Forma parte de una cobertura especial de IPS con motivo del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo

dijous, 9 de març del 2017

¿A la mierda el trabajo?, perdón, ¿de qué trabajo hablamos?



El término trabajo se puede entender como la actividad realizada por la especie humana destinada a satisfacer sus necesidades y, por tanto, directamente relacionada con su supervivencia y reproducción. Sin embargo, desde los procesos de industrialización, el concepto de trabajo fue secuestrado por la ideología productivista de las sociedades industriales, estableciéndose una identificación entre trabajo (una actividad) y empleo (una relación social). De esta manera, tradicionalmente, los estudios sobre el trabajo han considerado solo la parte mercantil de la actividad económica y, por tanto, un tipo de trabajo –el empleo– que ha estado socialmente asignado a la población masculina.




Pero una rápida mirada hacia el pasado nos permite observar que a lo largo de la historia de la humanidad se han desarrollado formas de trabajo absolutamente diversas, bajo distintos marcos sociales, con distintos niveles tecnológicos, realizadas por distintos miembros del hogar, dentro o fuera del ámbito doméstico y con o sin remuneración. De estos distintos tipos de trabajo el que históricamente ha ocupado más tiempo y el que siempre ha acompañado al resto de los trabajos es el que podríamos denominar en términos genéricos “de subsistencia directa” y que hoy llamaríamos “doméstico y de cuidados”.

Con la implantación del sistema capitalista (patriarcal), todos los trabajos que se realizan en contextos no mercantiles quedaron devaluados y no reconocidos como trabajo, fundamentalmente, el trabajo doméstico y de cuidados –realizado básicamente por mujeres e implicado directamente en el cuidado de la vida y de los cuerpos-- se hizo invisible, a pesar de ser el eje central de la existencia humana. Este “olvido” teórico y político –que ha ayudado a determinar diferencias profundas en los trabajos y en las vidas de mujeres y hombres-- no es sorprendente, ya que responde a una ideología patriarcal que ha desvalorizado todo aquello realizado tradicionalmente por las mujeres: sus formas de actuar, de pensar, su cuerpo (utilizado y violentado por lo masculino), el tipo de relaciones que establecen, etc. Y cuando estos trabajos salen al mercado, se mantienen como una actividad de nivel inferior. Así se ha ido construyendo un imaginario colectivo que asocia las actividades de cuidados y reproducción social a la baja cualificación.

dimecres, 16 de novembre del 2016

KOMUNIKARI: UN PROCESO PARA EL DEBATE Y LA REFLEXIÓN SOBRE EL PODER DE LOS MEDIOS Y LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA COMUNICACIÓN


Desde hace unos años enfrentamos una crisis global, con manifestaciones diversas, pero con un origen claro en el actual modelo económico de producción capitalista, en el modelo político neoliberal y en el proyecto social heteropatriarcal. Este conjunto de lógicas entrelazadas han configurado un sistema que, lejos de ofrecer soluciones a los problemas globales, ha profundizado la pobreza, la exclusión y la inequidad.




El capitalismo se nutre, alimenta y refuerza del sistema heteropatriarcal, que se asienta en la división sexual del trabajo en la familia y la sociedad, e invisibiliza el aporte social fundamental del trabajo reproductivo, valorando exclusivamente el trabajo “productivo” en la esfera pública. Esta fuerza laboral (mayoritariamente masculina) se entiende como carente de responsabilidades ni necesidades de cuidados, entendiendo que éstas deben ser resueltas en el ámbito privado de los hogares (mayoritariamente femenino).

La comunicación tampoco ha pasado desapercibida en esta crisis
global. Los medios públicos cierran, los medios privados comerciales concentran las frecuencias de radio y televisión del espacio audiovisual y el tercer sector sigue siendo marginal y criminalizado. Por su parte, el periodismo y sus profesionales son líderes en precariedad y desregulación de sus funciones, tan esenciales para la democracia la garantía de los derechos que de ella se derivan.