dissabte, 19 de desembre del 2015

Hospitalidad cosmopolita


Adela CortinaCatedrática de Ética y Filosofía Política. Universidad de Valencia


La grandeza de los pueblos se mide, entre otras cosas, por enfrentar los problemas más graves de entre los que son importantes, sabiendo priorizar. Y qué duda cabe de que el hambre, la pobreza extrema, la desigualdad, la amenaza del Estado Islámico, el cambio climático y la tragedia de los desplazados involuntariamente — 6 millones en 2014— ocupan ese doloroso primer plano. Los demás asuntos deberían quedar relegados a un segundo o tercer lugar.

España, en el seno de la Unión Europea, debe responder a estos problemas, en este momento unir fuerzas frente al Estado Islámico y abordar la tragedia de los desplazados se sitúa en primer término. Son dos cuestiones diferentes y es necesario distinguirlas con claridad, porque algunos grupos están utilizando como coartada los atentados terroristas para cerrar todavía más las puertas. Como si el peligro no estuviera ya dentro, como si no fuera a través de las redes como se ha venido gestando hace mucho tiempo esta empresa criminal. Si Europa quiere seguir siéndolo debe unirse frente el terror y a la vez reforzar la exigencia de hospitalidad que nació en su seno, no sólo como hospitalidad doméstica, sino también institucional y universal.

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