
La crisis nos impone hoy un cambio de paradigmas. ¿Qué significa la robustez de los bancos frente a la escuálida imagen de mil millones de hambrientos crónicos? ¿Por qué en los primeros meses los gobiernos del G8 destinaron cerca de 1.500 millones de dólares (hoy llegan ya a los 18.000 millones) para evitar el colapso del sistema financiero capitalista y apenas (prometieron en L’Aquila(1), todavía no cumplieron) 20.000 millones de dólares para reducir el hambre en el mundo? ¿Se quiere salvar al sistema financiero o a la humanidad?
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