
Para la población, quedan sólo los impactos socio-ambientales del monocultivo. Aliados, gobierno y empresas prometen empleos y desarrollo a las comunidades locales. Poco después, los campesinos terminan siendo expulsados de sus tierras, pues el monocultivo tiene impactos sobre los recursos hídricos, contaminados por agrotóxicos, y sobre el suelo, que se vuelve pobre. Esta situación hace inviable la agricultura familiar, aumentando el éxodo rural.
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