No deja de ser paradójico que mientras millones de agricultores europeos abandonan la tierra, algunos inversores deslocalizan la producción agraria hacia países empobrecidos cuyos campesinos y habitantes son expulsados de sus tierras para que ellos puedan emprender sus proyectos agrícolas. Lógicamente no pretenden combatir un hambre que ayudan a generar, sino que siembran alimentos y sobre todo agrocombustibles que luego se exportarán a Europa, China, USA o los países árabes.

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