Mientras el virus ha tenido fronteras, allá en África, ese inframundo habitado por parias, el orden de las cosas sigue su cauce. Los muertos no contaban, salvo aquellos pertenecientes a organizaciones religiosas, misioneros, médicos, enfermeras y personal auxiliar de organizaciones humanitarias, de piel blanca, trasplantados al, eufemísticamente apodado, continente negro.

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