En el mejor de los casos, los estados racistas reconocieron los derechos culturales de los pueblos con la finalidad de agenciarse dólares de la cooperación internacional, o promover la etnofóbica industria del turismo. Pero, en el momento en que los pueblos indígenas defienden sus territorios, o defienden las cuencas hídricas, bosques o playas, son declarados terroristas, enemigos internos de los estados. Y, soportan todo el peso de la industria represor estatal.

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