Cuando nos preguntamos por qué se ha desenfrenado el egoísmo en los seres humanos, y la evidente deformación de principios que se manifiesta en todos los niveles y formas de la organización social, muchas veces referimos como causa de ello la degeneración de la educación, la pérdida de principios morales básicos, y varias cosas más, pero rara vez caemos en cuenta que el origen de las causas está en un hecho indiscutible: no somos los humanos los que gobernamos nuestras propias vidas, sino el “dios mercado”, ante el que se han rendido todos los poderes, el que realmente ha causado esta lamentable situación.

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