Las ambiciones de la oligarquía no tenían límites, tanto es así que llegaron al punto más alejado del planeta: una pequeña isla de apenas 170 km2 ubicada en medio del océano Pacífico, en la cual vieron un punto estratégico para el comercio marítimo (considerando la próxima apertura del Canal de Panamá), para la instalación de la Armada en el Pacífico y, por supuesto, realizar uno que otro negocio en aquellas tierras sin importar a quien le pertenecieran. Por supuesto, la oligarquía chilena no podía quedarse al margen del reparto del Pacífico que las grandes potencias realizaban en ese entonces.

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