Potentes signos de degradación se evidencian en la parte del Muro que quedó en pie, en el capitalismo que se desbocó feroz desde entonces. La corrupción del sistema pudre los cimientos y se estira al límite la desigualdad, cercenando la libertad de comer o desarrollarse. La Historia avisa, sí. Tras aquel Muro que simbolizó el telón de acero, el aparato se resistió y se revolvió hasta que no pudo más: fue desbordado. Grandes gritos de alarma suenan en este lado en el que vivimos con el agua al cuello.

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