Dicen que somos lo que comemos, pero quizás, también, comemos lo que somos. En una sociedad regida por los dictámenes del Dios Dinero, por un sistema económico que prima el lucro sobre las necesidades humanas, no extraña que la opulencia material conviva con generaciones enteras de niños y adultos que comen mal, en busca del placer grasiento y efímero que se promete al fondo de un colorido y brillante paquete de plástico, en lugar de escuchar nuestro cuerpo y destinar, como sociedad, recursos a desentrañar qué alimentos le hacen bien a nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada