Los medios de comunicación tienden a definir a Baluchistán como una región “problemática”, incluso “turbulenta”. Pero sería más ajustado a la verdad hablar de una guerra.
Divididos por las fronteras de Irán, Pakistán y Afganistán, los baluches habitan un territorio del tamaño de Francia que esconde enormes reservas de oro, gas y uranio. A ello se une su importancia estratégica, como encrucijada de numerosos proyectos energéticos y con 1.000 kilómetros de costa a las puertas del Golfo, que incluye un puerto de aguas profundas.

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