En los últimos años, con la llegada de gobiernos progresistas a América Latina, se ha dado cierta tirantez en la relación entre una parte de los movimientos sociales, movimientos indígenas y algunos académicos de izquierda, por un lado, y gobiernos como el argentino, brasileño, boliviano, ecuatoriano o nicaragüense, por otro, que están en una fase neoextractivista. La posibilidad de aprovechar el potencial de recursos naturales con fines comerciales ha dado paso a posiciones antagónicas dentro de estos países

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