Hemos permitido que se valoren los gestos más absurdos por encima de los más necesarios y hemos convertido los gestos necesarios en secretos vergonzosos, en temas de los que no se habla para no aburrir. Como si esta situación insostenible fuera algo que sólo nos ocurre a cada una de nosotras. El trabajo de cuidados está invisibilizado, sí, y también sepultado en el silencio.

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