La mayoría de los partidos políticos y sus líderes, habla de acabar con la pobreza. Plantean el problema de la pobreza, pero ni se le ocurre insinuar el problema de la fortuna de los ricos. No se atreven a reconocer que la acumulación de enorme riqueza es, además del origen de la pobreza, un grave obstáculo para conseguir una sociedad digna y democrática.
No se trata de pedir la absoluta igualdad de ingresos, una razonable desigualdad no es ningún problema y puede ser debida a diferentes formas de entender el trabajo, el esfuerzo o el deseo de consumo por parte de los individuos. El problema es que los 300.000 estadounidenses más ricos ganan actualmente casi lo mismo que 150 millones de norteamericanos empobrecidos

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