Los Borbones implantaron en España un modelo más acusado de absolutismo frente al imperfecto de los Austrias. El rey gozaría de todos los poderes en todos los territorios, de él emanarían las leyes y no habría instituciones ni ordenamientos jurídicos que coartasen o contrapesasen sus prerrogativas reales, aunque es evidente que siempre hubo limitaciones físicas y de origen estamental. Por otro lado, con los Borbones se reforzó el concepto de que el origen del poder real era divino y estaba legitimado por la Iglesia.

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