En general, se entiende a la guerra psicológica como propaganda y engaño a través de los medios de comunicación. Sin embargo, se trata de algo mucho más amplio.
Deseamos destacar que el poder blando, la guerra mediática, la extorsión económica, la presencia de bases militares con fines humanitarios, las películas y series de Hollywood que banalizan las realidades locales o a las formas de vida que cuestionan al consumismo, el intercambio estudiantil y el financiamiento de programas educativos favorables al statu quo, son acciones que forman parte de la guerra psicológica para ganar "los corazones y las mentes" a favor del "modo de vida americano", es decir, del consumo perpetuo. Se trata de diversas estrategias para garantizar lo mismo: la reproducción de la idea-realidad de que este sistema es el único posible, el más "justo" y el más adecuado para promover la "libertad".
La creciente desigualdad, las injusticias económicas, políticas y sociales que asolan a gran parte de la población mundial no son consideradas como la base del modo en que funciona el sistema, sino como "efectos colaterales" de un sistema que "funciona bien".

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