Cientos de muertos entre policías, soldados, civiles y guerrilleros del PKK es el resultado de la reactivación en Turquía del conflicto kurdo con una dureza desconocida desde hace dos décadas, cuando hace solo dos meses todavía estaba en curso un proceso de diálogo aceptado por las dos partes.
Ahora Ankara y Washington ponen en marcha la segunda parte de esta operación, presentada, igual que la primera, como la entrada de Turquía en la guerra contra el Estado Islámico, pero que, en el fondo, solo es una maniobra política diseñada para que el presidente Tayyip Erdogán satisfaga sus aspiración megalómanas de concentrar en su persona todo el poder.
Pero todo el mundo reconoce que, en realidad, se trata de una “franja de separación” para abortar el proyecto kurdo de crear una autonomía que vaya desde la frontera iraquí prácticamente hasta el Mediterráneo, lo que implicaría el control de casi todos los puestos fronterizos con Turquía y de la carretera M-4 que comunica la ciudad de Mosul, en Irak, con el importante puerto de Latakia en el Mediterráneo, atravesando toda Siria.

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