En Colombia y Venezuela se usa la expresión “mamar gallo” como sinónimo de alguien que está haciendo una broma. Después de escuchar al canciller español y leer la prensa de ese país, no me queda más que afirmar que el señor García Margallo, en realidad estaba “mamando gallo”.
Lo cierto es que el respeto pleno a los derechos humanos sigue siendo una utopía, un objetivo a lograr, un sueño necesario que conduzca a la realización plena del ser humano en el planeta. La realidad indica que no hay ningún país en que tales derechos -concebidos como lo establece la Declaración- se cumplan a plenitud. Ello es imposible, mientras exista el capitalismo depredador, que entraña la existencia de sociedades de clase en el plano interno de los países y un sistema internacional inequitativo, excluyente y asimétrico en el ámbito internacional, en el que un grupo de potencias imponen por la fuerza lo que según sus intereses, deberían ser comportamientos globales y principios generales.
Toda esta larga introducción viene a mi mente por el asombro que me produjo leer las declaraciones del Canciller español José Manuel García Margallo cuando afirmó que “mientras internacionalmente se reconoce el respeto en España a los derechos humanos, se constata que a Venezuela le queda un largo camino en esta materia”. Seguramente a Venezuela como a todos los países del mundo les queda un “largo camino” para el respeto pleno de los derechos humanos, pero mi sorpresa vino dada por la otra aseveración del ministro de relaciones españoles de la monarquía borbónica. Supuse que estaba hablando de otro país, uno que tal vez había tenido un avance mayor en esta materia, pero también conjeturé acerca de mi desconocimiento de la situación del país ibérico y me dispuse a revisar la prensa del reino a fin de salir de dudas.

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