Esa gente que no tiene un ápice de humanidad.
Esa gente que repite lo que otros dicen, que hace lo que otros hacen, que copia y pega, que no tiene criterio propio, que es incapaz de siquiera de imaginar un análisis salido de su propio seso.
Que no cuestiona, que no investiga, que no duda. Que se acomoda, que se deja arrear, que dice sí a todo. Que siempre busca la sombra. Que sale corriendo a esconderse en las primeras de cambio. Que tira piedras y esconde la mano. Que vive de apariencias. Que se da tres golpes de pecho mientras golpea a traición. Que es incapaz de sentir amor. Que es arribista y desleal.
Esa gente que este domingo votó por la derecha recalcitrante en Guatemala, Argentina y Colombia. Que con esto apoyó el retroceso. El abuso de Estados Unidos a través de sus embajadas en contubernio con la oligarquía.

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