dimecres, 11 de novembre del 2015

BIRMANIA: La anciana de las primaveras secuestradas

Anciana birmana votando el 8 de noviembre de 2015.


La anciana de las primaveras secuestradas lleva meses temiendo este día. Temía escuchar los pasos que anunciaban la llegada de sus hijos, y de esos nietos que hablan un inglés de universidad de pago. Temía el momento de vestirse con el traje de los días importantes y avanzar hasta la frontera imaginaria de la Boundary Road. Al llegar allí, al laberinto de calles rectilíneas por el que paseaba Pablo Neruda cuando todavía era el cónsul Ricardo Neftalí Reyes, la anciana de las primaveras secuestradas ha creído tener una pesadilla. Birmania, la Birmania de la democracia disciplinada, estaba votando. Y eso le aterraba. Nunca en sus 82 años de vida las elecciones han traído algo bueno. En el país de la anciana de las primaveras secuestradas la democracia siempre ha sonado a cazuelas vacías. A visitas a la cárcel. A cucharas rechinando sobre los restos de un arroz de ayer.

Mientras se acercaba al colegio asignado, la anciana de las primaveras secuestradas se dio cuenta de que nadie reparaba en su miedo. “El de hoy es un día histórico”, repiten los noticiarios en televisión. “It’s time”, dicen los periódicos. Todos en Yangon, la ciudad de los edificios de acuarela, creen que ha llegado el momento. Que el tiempo de los militares ha pasado ya. Que hoy se han despertado para hacer historia. A la anciana de las primaveras secuestradas la historia le aterra. Ha visto demasiada. Mas no se atreve a abrir la boca. Prefiere sonreír, escondida tras unas gafas que ya hace tiempo que dejaron de ser nuevas. Es una sonrisa terrorífica.

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