Seguridad y paz no son conceptos sinónimos. La paz se construye con diálogo y objetivos políticos concretos, mientras que la seguridad se edifica sobre cimientos de barro a base de segar libertades y mantener el statu quo de la injusticia, la desigualdad y el miedo visceral al otro, al diferente.
El falso consenso antiyihadista dice que si acabamos con los terroristas se terminará con el terrorismo. Dentro de su simpleza lógica, así a primera vista parece un pensamiento inatacable. Sin embargo, el fenómeno de la violencia terrorista es de mayor enjundia y mucho más difícil de erradicar solo con manipulaciones mediáticas y mediante soluciones exclusivamente policiales y militares.
Resulta evidente que las raíces sociales del terrorismo y sus múltiples causas políticas e ideológicas están ausentes del debate público en los principales medios de comunicación y en los discursos de los líderes políticos occidentales. Se trata de esconder la verdad tras una cortina de humo basada en el miedo escénico y el maniqueísmo interesado entre una lucha ficticia y épica entre el bien absoluto representado por Occidente y el mal endémico y diabólico de los extremistas musulmanes.

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