Los atentados de París del pasado viernes y el posterior bombardeo de Francia en Siria han reabierto un debate incómodo para gobiernos y entidades financieras que invierten en armamento. Un sector cada vez más amplio de la población cuestiona el negocio que existe tras las exportaciones de material bélico.
Como reacción a lo que las autoridades del país vecino han calificado como “estado de guerra”, un sector cada vez más importante de la población se hace preguntas sobre la dudosa ética que mueve a quienes transforman las guerras en una macabra oportunidad para obtener beneficio comercial.
En 2014, según datos de la Subdirección General de Comercio Exterior de Material de Defensa y de Doble Uso que recoge el Centre Delàs en este sitio web, España obtuvo ingresos de más de 3.203 millones de euros derivados de exportaciones de material militar. Una cifra ligeramente inferior a los mismos datos para 2013, año en que nuestro país exportó armamento por valor de 3.907 millones.

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