El envío de tropas norteamericanas a Siria con el pretexto de combatir al Estado Islámico (EI) marca un giro en la estrategia del presidente Barack Obama, y para algunos expertos puede ser el inicio de una escalada.
Sin la anuencia del gobierno de Damasco ni del Consejo de Seguridad de la ONU, la Casa Blanca ordenó el despliegue de unos 50 miembros de las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE), unidades elites del Pentágono, a zonas en el norte sirio controladas por los kurdos, para coordinar la asistencia a los grupos irregulares.
Si bien se trata de una cantidad relativamente pequeña, el carácter de sus misiones en este tipo de conflicto lleva a pensar en la posibilidad de que se trate de una avanzada que cree las condiciones para ampliar la presencia de más unidades de infantería en la zona, si Obama lo decide.

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