Nueve meses después de los atentados contra Charlie Hebdo, la cobardía del terror ha golpeado de nuevo en pleno centro de Paris, a dos pasos de nuestras casas, y entre los nuestros. Lo que más duele es esa proximidad y esa injusticia de un terrorismo ciego que no hace la guerra contra otro ejército, sino que asesina a personas indefensas al tiempo que se autodestruye.
Es la primera vez que se producen en Francia atentados suicidas, como estamos acostumbrados a ver en tierras lejanas en las imágenes televisivas. Es la primera vez también en la historia de esta República francesa que los autores de esos crímenes o sus cómplices, tienen nacionalidad francesa, aunque actúan en nombre de Allah y del oscurantismo religioso más abyecto.

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