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| Mercedes Milá, presentadora de Gran Hermano. / mediaset.es |
La televisión, tal y como la vemos hoy en día, es muchas cosas, pero sobre todo dos: un gran negocio económico y la mejor arma conocida de propaganda y manipulación. La televisión actual sin duda podría ir mucho más lejos, se trata de un medio de comunicación fascinante con infinitas posibilidades, pero no lo hace. ¿Quién necesita otra televisión?, se preguntan los ejecutivos que controlan las cadenas privadas. ¿Quién necesita otra televisión?, insisten los responsables de las cadenas públicas.
Los políticos callan: son quienes han creado la televisión como la conocemos hoy en día, una máquina de hacer dinero, un altavoz en manos del poder. El duopolio Atresmedia y Mediaset, diseñado y consentido por la casta política para beneficio de unos pocos, domina el sector privado. Al mismo tiempo, el sectarismo y la manipulación reinan en la cadenas públicas. Unas y otras ofrecen entretenimiento de baja calidad, telerealidad infecta e información más o menos tendenciosa. La ausencia de servicio público es total. La pluralidad es cada vez menor.

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