Europa es el continente más rico y se comporta como tal: en gran medida ha cerrado sus puertas a los refugiados subsaharianos y árabes que tratan de buscar un lugar mejor para ellos y sus familias. Este comportamiento responde a una natural inclinación humana a proteger en la medida de lo posible un estatus de vida no solo económico sino también social, y hasta religioso.
Pero aunque es un comportamiento natural no es justo ni está acorde con nuestra época. El caso de Jordania puede servir de ejemplo contrario. Este pequeño país ha acogido a cerca de un millón y medio de sirios a los que deben sumarse cientos de miles de iraquíes que han huido de sus hogares desde la invasión americana de 2013.
Siria, que se ha convertido en el primer exportador de refugiados, fue hasta que se inició la guerra civil en 2011 un país de acogida que autorizó la entrada de cientos de miles de iraquíes sin ponerles absolutamente ningún obstáculo.

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