Últimamente hemos asistido a una especie de tormenta mediática en el que, desde diferentes instancias, se ha puesto sobre la mesa la "necesidad" de evaluar al profesorado y de incentivar económicamente sus resultados. La OCDE "reprocha" a España la falta de evaluaciones al profesorado, el Sr. Marina proclama la "necesidad" de premiar a los "buenos profesores", los medios de comunicación se hacen eco del "problema" y aparecen artículos y debates en torno al tema… Al mismo tiempo, parece ser que ahora el Departament d’Ensenyament [de Catalunya] está preparando el Decreto que desarrollará la última pata de la LEC: el Decreto de Evaluación. Todo ello, mucha casualidad.
No deja de ser curioso que, tras recortes desmesurados a la educación pública, reducciones drásticas de salario al profesorado, aumento de horas lectivas y del número de alumnos por aula, falta de becas, aumento de la pobreza infantil... y unos presupuestos educativos que nos dejan en la cola de los países europeos, el problema más importante que tiene ahora la educación en nuestro país sea "la evaluación del profesorado". O, dicho de otra manera, la educación no funciona porque no se controla y no se incentiva el trabajo del profesorado.
En realidad, lo que está pasando, es la consecuencia de la entrada del neoliberalismo en la educación, que tiene como objetivo poner la educación al servicio de las empresas y del capital.

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