La lucha de los kurdos contra la opresión que sufren por parte del Estado turco tras romperse las negociaciones es condicionada por los logros de sus paisanos en Siria que defienden un amplio territorio.
Hevala Berivan extrae cada uno de los componente de su AK-47. Con cuidado, aparta las piezas y limpia los orificios del fusil. Revisa con meticulosidad cada una de las balas, también el hueco en el que esperan antes de ser disparadas contra un soldado turco. Cuando el sol cae en el barrio de Zap, Berivan ya está preparada para patrullar, junto a decenas de jóvenes kurdos, por la ciudad de Silopi en la parte de Kurdistán, al sur de Turquía.
La mayoría de estos combatientes no llega a los 20 años de edad, pero ya conocen el significado de la guerra. “No abandonaremos nuestra lucha hasta que liberen a Apo –como se conoce a Abdullah Öcalan, el encarcelado líder del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK)– o que él mismo nos lo pida”, asegura Berivan.

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