Últimamente echamos más horas con el pactómetro que con el 'whatsapp'. El pactómetro, el juguetito ese que ya están tardando en vender en los chinos. Ahí estamos, intentando adivinar quién presidirá el Gobierno. Pero hay un problema: nuestro pactómetro no vale, porque solo tiene en cuenta tres escenarios, los tres más previsibles: que sea Rajoy, que sea Sánchez, o que se repitan las elecciones. Y no estamos incluyendo en la ecuación un cuarto supuesto: el cisne negro. El imprevisto. Lo inimaginable. Lo que acabará ocurriendo.
Si algo deberíamos haber aprendido de los últimos años es que el cisne negro (así llaman a los sucesos impredecibles de gran impacto) ya está tan instalado en nuestro país como la cotorra argentina. Lo inesperado, lo inédito, se va convirtiendo en rutina. El 15M, la aparición de Podemos, la abdicación del rey, Carmena y Colau, Puigdemont... Todos nuestros cisnes negros políticos coinciden en ser imprevistos, impensables apenas unas semanas antes de que sucedieran, y solo explicables a posteriori.

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