El jesuita español Esteban Velázquez no volverá a Nador hasta una nueva orden que, quizás, no llegue nunca. El veto de la dictadura alauí deja huérfanos a los inmigrantes que, en condiciones deplorables, se esconden en los montes cercanos a la valla de Melilla
![]() |
El padre Esteban Velázquez, en el centro con camisa blanca , junto a los inmigrantes que viven en el Monte Gurugú, en Marruecos, cerca de Melilla. |
"Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos". Los nadies pueblan el mundo y tratan de moverse por él buscando algo, cualquier cosa, por muchas vallas que tengan que saltar. Los definió muy bien Galeano y siempre hay alguien ─normalmente otro nadie─ que trata de echarles un capote.
Esteban Velázquez, el padre Esteban para quien lo conoce, es uno de esos nadies, aunque lo era todo para cientos de personas de nacionalidad subsahariana que, en su éxodo hacia el norte rico, quedan atrapados en los montes de Marruecos. Este viejo jesuita canario es uno de esos quijotes que el mundo escupe de vez en cuando para acabar chocando de frente con un molino de viento. Su molino, todo un gigante en este caso, es Marruecos, un país al que ya no puede volver.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada