El movimiento de los indignados –el 15M- en España tuvo una gran influencia internacional e inspiró movimientos similares en otros países, como el Occupy Wall Street (OWS) en EE.UU.
El impacto del OWS en EE.UU. fue, como el del 15M en España, enorme, situando el tema de las desigualdades en el centro del debate político. Ni que decir tiene que la primera reacción del establishment político-mediático fue intentar reprimir tal movimiento, incluso físicamente. Las avalanchas policiales frente a los campamentos fueron especialmente brutales en Nueva York y en Boston. Y, como era de suponer, los mayores medios de comunicación –altamente influenciados por el capital financiero- intentaron desacreditarlo.
Pero la insistencia y el espíritu de lucha y compromiso de tal movimiento, así como la enorme simpatía popular que creó, forzaron a que el tema de las desigualdades pasara a centrar la atención mediática, hasta tal punto que el Presidente Obama tuvo que reconocer que “el escandaloso crecimiento de las desigualdades era el mayor problema existente en EEUU”. Tanto en The New York Times como en el Washington Post, la palabra “desigualdades” a partir de aquellas manifestaciones apareció con mucha mayor frecuencia, gracias a la aparición del OWS.

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