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El ataque saudí a Yemen ahonda la brecha sectaria en Oriente Próximo |
La afirmación de que el problema entre Irán y Arabia Saudita obedece, en última instancia, a divisiones pertinentes al campo de lo religioso forma parte de un más amplio discurso que vincula al Medio Oriente y al Islam con tradiciones de violencia e irracionalidad que impiden a los pueblos que habitan dicha región del planeta no sólo resolver, sino incluso tener conflictos que se atengan al orden de lo político. Dicho esto, las identidades sectarias importan, sobre todo por la utilización que los Estados y organizaciones no-estatales hacen de ellas.
Más allá de los conflictos propios de la naciente religión islámica, el conflicto político entre sunnitas y shiítas data de 1979, año-acontecimiento en el gran Medio Oriente. Este año no sólo fue testigo de la Revolución Islámica en Irán que condujo al shiísmo al poder, sino también de la intervención soviética en Afganistán y del Acuerdo de Camp David firmado por Egipto e Israel con mediación de Estados Unidos.
Mientras que la Revolución iraní supuso la pérdida por parte de la potencia norteamericana de uno de los dos pilares sobre los que, hasta el momento, había basado su política mezzo-oriental (siendo el otro Arabia Saudita), el acuerdo de paz entre El Cairo y Tel Aviv le otorgó un nuevo aliado.

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