Estamos acostumbrados a ir a la tienda y directamente comprar, o a que otras personas se encarguen de arreglarnos lo que se estropea. El sistema capitalista-consumista se fundamenta en la creación de ciudadanos que sepan mucho de muy poco. ¿Cuántos de nosotros sabríamos cultivar un huerto para autoabastecernos? ¿En manos de quién hemos dejado nuestra alimentación? .
Imaginemos que de repente ocurre una catástrofe a nivel planetario, de repente todo queda destruido. Ahora ya no puedes ir a la tienda a comprar comida ni ropa, tampoco hay electricidad ni combustible. Y entonces, te viene la aterradora pregunta a la cabeza: ¿y cómo hago para…?. ¿Podrías sobrevivir a esta situación? ¿Qué cosas sabrías hacer y cuáles no?
Hace unos años, mientras hacía las prácticas de una asignatura de la carrera relacionada con la educación ambiental en un colegio, me di cuenta de que lo peor de todo no es que nosotros, que hemos visto cómo nuestros abuelos y padres cultivaban o hacían comidas “caseras”, perdamos la conexión con el entorno, sino que las generaciones futuras ni si quiera van a tener esa conexión en algún momento de su vida. El caso es que la anécdota fue la siguiente. Les preguntamos a los alumnos de 6º de primaria si sabían de dónde venía la electricidad. La respuesta nos dejó helados: “La electricidad viene del enchufe”.

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