Desde hace algunos meses había asomado como el personaje pintoresco para buena parte de la prensa norteamericana, que igualmente no dejó de fustigarlo por su “discurso socialista”. Sin embargo, sus declaraciones eran (y son) bien contundentes, apuntando en primer lugar a reducir la brecha de desigualdad en los EE.UU. –algo que, tal como muestra Oxfam en su reciente estudio, sucede a escala global– y a generar mejores condiciones de empleo, salud y educación en el país.
Por ello Sanders se ganó su lugar en Iowa, quedando a apenas décimas (0,2 por ciento) de Clinton, con un aparato mucho menor. Un dato sirve para ilustrar el repentino crecimiento de Sanders: la encuesta de NBC para Iowa de un año atrás –febrero de 2015– mostraba un categórico 68 por ciento a 7 por ciento a favor de Hillary, con un 25 por ciento restante que había optado entonces por otras opciones o aún no se había decidido.

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