Cada día es más evidente. La crisis económica es sistémica. No se resolvía, como pretendían algunos, a base de parches. No. La economía funciona mal desde sus propios cimientos. Y como todo volcán, en algunos momentos, expulsa lava. La erupción volcánica es constante. Todo sale a la superficie. Aunque en el fondo, todo se explica por su propia raíz. Su falla es orgánica.
Luego de casi una década, se vuelve a admitir que la economía mundial no está saneada. El derrumbe generalizado en las cotizaciones que afectó a los centros financieros de Europa ha sido una muestra mas de que la economía capitalista global no progresa adecuadamente. En esta ocasión, no se puede echar toda la culpa a China, ni a los emergente, ni tampoco a Grecia ni al sur europeo. La gran banca de la Unión Europea muestra nuevamente síntomas de flaqueza. Deutsche Bank registró una caída del 6% en su cotización; en Francia, Crédit Agricole lo hizo en 6,6% y Société Générale en 12,57%; en Italia, Ubi Banca se cayó en 12,11%; en España, los descensos fueron de BBVA (7,14), Santander (6,87) y CaixaBank (6,74). En clave global, en menos de un año, las bolsas mundiales han visto reducida su capitalización en un valor equivalente al PIB de la eurozona.

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