La comprobación empírica, hace unos días, de la existencia de ondas gravitacionales gracias al experimento del LIGO/1 (EE UU) es sin duda una proeza técnica increíble, pero antes que nada es un acontecimiento científico importante por dos razones: 1) confirma la teoría de la relatividad general, y 2) abre una vía totalmente nueva de exploración del Universo. Este artículo pretende situar en perspectiva este descubrimiento-
Podemos decir razonablemente que los resultados del reciente experimento del LIGO en EE UU constituyen una prueba directa de la existencia de las ondas gravitacionales: el 14 de septiembre de 2015 a las 11:51 horas se detectó la oscilación, durante una fracción de segundo, de dos distancias situadas a varios miles de kilómetros exactamente de acuerdo con las previsiones teóricas que describen la coalescencia (la colisión) de dos agujeros negros. Estas distancias consistían en los brazos de 3 km de longitud de un interferómetro láser. La pérdida de materia a causa de la colisión, equivalente al triple de la masa del Sol, aportó la energía de la onda gravitacional. Dicho sea de paso, también es la prueba más directa de la existencia de agujeros negros.

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