diumenge, 12 de juny del 2016

La hegemonía financiera encamina a la catástrofe



Todos sabemos que la globalización ha tomado un giro devastador, desde la última crisis del predominante sistema financieroglobal de 2008-2009, hasta la fecha a nivel mundial: porque la influencia especulativa se sobrepone con un impulso que corroe lenta, paulatina e irremediablemente economías y países enteros, como serpiente negra que se muerde la cola. La (des)Unión Europea es un buen ejemplo de ello, cuando no el mejor.

El capitalismo moderno que sostienela globalización —capital financiero pero especulativo, de crisis cíclicas que nunca podrá dejar atrás porque anidan en sus entrañas—, no únicamente continúa acelerando las polaridades entre países ricos y pobres, desarrollados y subdesarrollados, explotadores y explotados o los viejos conceptos de primer y tercer mundo.

La globalización de nuestros días está profundizando todas las contradicciones que antes veíamos claramente sólo entre países o bloques de países dominantes, y ahora las vemos al interior de ellos mismos —países y bloques de países desarrollados—,en el llamado capitalismo central porque la globalización está arrasando con todo o autodestruyéndose con el flagelo del capital financiero como principal actor dominante en la escena. Son los grandes corporativos donde anidan multinacionales de las finanzas, de la guerra, de los alimentos, de la electrónica, todos, unos cuantos controlados por unas pocas familias desde los principales países otrora desarrollados como Estados Unidos de América (EUA), Gran Bretaña (GB), Holanda, Suiza, Alemania, Australia, y unos pocos dispersos en otros países.

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