La ecuación utilizada por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan es simple: todo lo que “molesta” es “terrorismo”. Con más de una década en el poder, el mandatario y líder del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) no se detiene en su objetivo de perpetuarse en los altos cielos del gobierno, reprimir toda oposición o disidencia (por mínima que sea) y escalar los peldaños que sean necesarios para erigirse como líder regional, apelando a todo lo que tenga a mano, incluido su respaldo a los terroristas del Estado Islámico.
La semana pasada Erdogan anotó otro punto en su carrera por concentrar poder y eliminar a la oposición kurda del Parlamento. El viernes, el órgano legislativo aprobó una enmienda constitucional enviada por el Ejecutivo que deja sin inmunidad parlamentaria a un grupo de diputadas y diputados, de los cuales más de 50 pertenecen al Partido Democrático de los Pueblos (HDP), agrupación que nuclea al movimiento kurdo, sectores de la izquierda turca y movimientos sociales.

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