Cuando América Latina era narrada desde estudios situados en Miami, el presidente Hugo Chávez, protagonista del primer golpe mediático, impulsó un canal para contar desde la región lo que allí ocurría y visibilizar a las poblaciones históricamente excluidas de los medios de masas. Aram Aharonian fue el primer director de Telesur, y hoy, once años después de la primera emisión, lo recuerda como el hecho comunicacional más revolucionario de la historia de América Latina. En este momento, la comunicación sigue siendo un elemento fundamental para entender lo que ocurre en un continente en el que los medios de comunicación privados legitiman los intentos de desestabilización contra algunos de los gobiernos elegidos democráticamente.
Si hace cuarenta años se necesitaban fuerzas armadas para imponer modelos políticos, económicos y sociales, hoy no hacen falta ni tanques ni bayonetas. Hoy solo hace falta control de los medios masivos de comunicación porque ellos imponen imaginarios colectivos que van adocenando y conquistando las sociedades.
Pero no se trata únicamente de los medios. Los medios de comunicación son el caballo de Troya de los grupos empresariales, y ahí están metidos no solamente los medios de comunicación, sino un aparato judicial comprometido totalmente con los intereses de esos grupos fácticos que existen en todos los países.

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