El autor recrea un día cualquiera en España. Ya no va a poder decirle guapa a una tía que ve por la calle porque se le echan encima las feministas, dice un presentador en la radio.
Madrid, 7:30h. Un portero de finca ha comenzado la jornada, barre el portal con la tranquilidad de lo hecho mil veces. Ha guardado los cubos de basura en el cuarto, regado el pequeño parterre de la entrada, luego, en cosa de una hora, en ese espacio que queda entre los vecinos que van a trabajar y los niños que salen al colegio, sacará brillo a los pomos de la puerta. Desde su garita se oye una radio, uno de esos transistores a pilas que casi ya no se ven. De fondo la tertulia, donde hoy hablan del terrorismo internacional y los refugiados. Al parecer, según dice un experto, pretenden ocultarse entre las legiones de harapientos que cruzan el Mediterráneo para burlar las fronteras y cometer alguna tropelía. Últimamente por el barrio, el suyo, que está más al sur, se ve gente rara. Tendrá que estar más atento, piensa.
Zaragoza, 9:30h. En un almacén de venta al por mayor...
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