Mientras medios y partidos se dan mutuamente de comer, le quitan al ciudadano la democracia de la boca. La prensa al servicio de sus amos no construye ciudadanía sino oligarquía.
Hasta hace poco a los que mandan no les hacía falta esforzarse mucho porque sus dos brazos políticos se iban turnando plácidamente en el poder gracias a un pueblo español que les votaba sin cuestionarse demasiado quién movía los hilos.
Pero en esto llegan la crisis, las nuevas vías de comunicación y nuevos medios de contrapoder que hacen saltar por los aires las costuras del vestido y empezamos a ver los órganos putrefactos del monstruo y a los maestros de marionetas moviendo el teatro y la gente se enfurece, sale a la calle y de la asonada se crea un partido que llega al Congreso con posibilidades de formar parte del gobierno y quizá –quién sabe si les dejarían– meterles mano.
Y entonces, cuando los de arriba han visto su poder mínimamente amenazado por un atisbo de soberanía popular, han tirado de los hilos para ahogarla

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