La idea de una renta básica universal o incondicional está tomando cada vez más forma, a medida que las expectativas despertadas por el progreso de la inteligencia artificial y el machine learning van convirtiéndose en objeto de un análisis cada vez más serio. Si comienzas a leer este artículo, ten en cuenta que es una más de esas entradas que hago para recopilar enlaces interesantes que llevo un cierto tiempo recogiendo y estudiando, y que por tanto, tu trabajo no termina cuando finalices mi texto, sino cuando hayas leído los enlaces que lo acompañan (y que explican esas ideas mucho mejor que yo).
A medida que avanzan las concepciones en este tema, podemos ver una línea común: la idea de una renta básica universal o incondicional ya no es una proclama política asociada con movimientos ultraliberales (“simplifiquemos hasta el límite el papel del estado y consolidemos todos los sistemas de ayudas y subsidios en uno solo”) o izquierdistas (“eliminemos la pobreza y la desigualdad y reduzcamos la ansiedad derivada de quedarse sin trabajo”), para pasar a ser algo más visto como una necesidad, como un paso adelante completamente necesario a medida que el deep learning no solo desempeña cada vez más trabajos, sino que, además, los hace infinitamente mejor que los humanos. En una sociedad en la que las máquinas son mucho mejores haciendo prácticamente cualquier trabajo, la única opción lógica es comenzar a entender el trabajo como algo que deben hacer las máquinas, reservando a los humanos otro tipo de tareas.

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