Tiempos de crisis, tiempos de balances, de autocriticas, de búsqueda de nuevos horizontes. Después de tantos años de éxito del modelo de desarrollo económico con distribución de renta, cuando surgen problemas, graves algunos, con sustitución de gobiernos en Argentina y Brasil, se oye el coro de: ¡balance autocrítico!
A veces da la impresión que el modelo no fue un éxito durante más de una década, antes de entrar en crisis. ¡Que Argentina no fue rescatada de la peor crisis de su historia! Que Brasil no dejó, por primera vez en su historia, el Mapa del Hambre. Como si se tratara de hacer un balance de un gran error, de un malentendido, de un fracaso. Se unen la derecha y sectores de la ultra izquierda, para intentar pasar la versión de que nada fundamental ha pasado en esos países en este siglo. De que todo fue una ilusión pasajera, de que la vida de millones de personas no ha mejorado mucho durante más de una década.
Pero la realidad quiso otra cosa. Las previsiones macabras no se han cumplido, el pueblo ha reconocido las medidas de esos gobiernos, les ha elegido y reelegido, consagrándolos como los más grandes líderes populares de la izquierda en este siglo

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