La dimisión del primer ministro italiano Matteo Renzi, tras la victoria del No en el referéndum en Italia, más el inesperado Brexit de hace unas semanas, ha generado que medios, voceros y portavoces teman una inestabilidad institucional en la Unión Europea. Pero tal vez lo que preocupa a los de arriba, sea bueno para quienes están abajo. Veamos.
Hace once años, el entonces canciller alemán Gerhard Schröeder aseguraba que eran necesarios dolorosos sacrificios para obtener buenos resultados económicos y sociales en la nueva Europa unida. Se cumplió, porque sí se han hecho grandes sacrificios. Pero siempre, los mismos. Funcionarios, empleados públicos, trabajadores, autónomos, pequeños empresarios, campesinos, pequeños comerciantes, desempleados, inmigrantes, jóvenes, los pobres y siempre las mujeres. Y los resultados no tienen nada de bueno para la mayor parte de la ciudadanía.
Unos años después, embarcada a la fuerza la mayoría ciudadana en la crisis, el político alemán Oskar Lafontaine denunciaba que los mandatarios europeos desmantelaban el Estado social y hacían retroceder a Europa al siglo XIX. Se recortaban logros, derechos sociales y económicos, que tanto había costado conseguir, con la excusa era rebajar los déficits públicos. Empezaba la tiranía de la austeridad, convertida en señal de identidad de esta Unión Europea.
Sirva el aserto de base, con los hechos antes expuestos, para evaluar si esta UE conviene o no a la gente común. Pues, por si no fuera suficiente, esta UE ha levantado una fortaleza carísima contra inmigrantes y refugiados y ha enviado al infierno derechos y garantías sociales de la gente

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