Que la elección de Trump haya sorprendido a buena parte de los grupos dominantes de los EEUU, tanto en la esfera económica y sus relaciones mediáticas como en ciertos sectores del aparato del Estado está comprobado pero las tensiones se mantendrán largo tiempo todavía. Los pronósticos sobre el futuro político del recientemente electo son muy variados y contradictorios.
No resulta inútil por lo tanto recordar lo sucedido hace ocho años y los pronósticos realizados para el entonces nuevo presidente Obama. En un ambiente muy diferente, lo que importaba era dar vuelta la página de Bush y poner en circulación el nuevo producto: un “intelectual negro”. Doblemente y abusivamente etiquetado como un proyecto comercial: un diplomado de Harvard no es necesariamente un “intelectual”. Bush era un diplomado de Yale y Obama era mestizo.
Desconfiando de esta operación de promoción comercial del producto Obama, Comaguer había traducido y difundido en aquel momento el texto de un intelectual brasileño cuya pertinencia es actual. El premio Nobel de la paz que le fue otorgado a comienzos de su mandato sin ninguna justificación concreta habría de confirmar muy pronto el análisis de Frei Betto. Al finalizar estos ocho años, el balance resulta sombrío.Lejos de haber puesto término a las guerras de Bush en Afganistán e Irak, Obama las prolongó. En Irak especialmente puso obstáculos a los intentos de reconstrucción de un estado nacional y favoreció la emergencia del Estado islámico, sosteniendo a la provincia kurda y apoyando su disidencia, Y agregó cuatro guerras nuevas: Por orden cronológico: Libia, Siria, Ucrania Yemen. Analicémoslas en ese orden:

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