dijous, 24 d’agost del 2017

La guerra en Colombia desde el grito del cuerpo de las mujeres


Violencia y guerra en Colombia fueron/son retratadas, representadas, narradas, contadas muchas veces y desde miradas muy disímiles. La violencia y la guerra atraviesan las tripas y el corazón de los y, sobre todo, de las colombianas. Desde ese “estar atravesado por…”, Felipe Guerrero dirige Oscuro Animal, largometraje de co-producción argentina-colombiana estrenado en marzo de este año.

Antes de contar la trama, cabe decir que si bien luego de ver la película es posible relatar “la historia”, la propuesta del director tiene que ver con la relación que puede establecerse entre la imagen-sonido y el espectador/a, y en este sentido, la invitación es a explorar esas otras formas de narrar a través de la imagen y el sonido, más allá de -en palabras del director- “la dictadura de la historia por contar a través del verbo”. Bajar el interés en el texto e invitar a la emoción en un cine definido a partir de la experiencia.



Oscuro Animal propone la historia de tres mujeres que sufren en sus cuerpos las consecuencias de  la guerra. Una maltratada por una célula de paramilitares y sometida constantemente; otra violentada por algún jefe guerrillero, y una tercera, campesina, que huye desplazada por el conflicto armado. Las tres mujeres salen del campo a la ciudad (que no resulta menos hostil como selva de cemento), y son ellas las que hacen el intento de cortar con el entramado de violencias a las que son sometidas a diario. Con muchas escenas donde el/la espectador/a puede sentir el dolor en el cuerpo de esas mujeres, la película avanza con cambios de ritmos notorios y con un tratamiento muy cuidadoso de la música y la fotografía hacia un final abierto. Tan abierto como los posibles desenlaces de casi 60 años de guerra que hoy signan al pueblo colombiano.

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