La Internacional Capitalista existe, está muy bien organizada y, obviamente, muy bien financiada. Funciona subrepticia y eficazmente a través de una inmensa red de fundaciones, institutos, centros, sociedades..., unidas entre sí por hilos casi invisibles. No es teoría de la conspiración, sino hechos constatables. Uno de los nodos de esta red es la llamada ATLAS NETWORK (Atlas Economic Research Foundation), de la que después nos ocuparemos. Pero el núcleo generador de todo el entramado hay que buscarlo en 1947, finalizada la II Guerra Mundial, cuando un grupo de académicos economistas ultraliberales - o neoliberales, como se autodenominaron -, entre los cuales se hallaban Friedrich von Hayek y Milton Friedman, se reunieron en la localidad austriaca de Mont Pelerin y decidieron formar una Sociedad. Su objetivo: luchar por todos los medios contra los obstáculos al libre mercado puestos tanto por el sistema de planificación soviético, como por el intervencionismo económico de los Estados más ricos de Occidente, o lo que pronto se llamaría el Welfare State (Estado del Bienestar)
No debemos llamarnos a engaño. Las fundaciones y otras entidades “sin ánimo de lucro” que llevan la palabra LIBERTAD en su nombre, en la mayoría de los casos libertad significa su libertad, la de la clase capitalista para explotarnos, para succionar toda la riqueza que los trabajadores del mundo producimos, para privatizar (robar) los servicios públicos que sostenemos con nuestros impuestos (no los suyos), para minar nuestra resistencia, desestabilizar y derrocar gobiernos que no se plieguen a sus intereses, por los medios que sean, incluso organizando a “luchadores por la libertad” en grupos paramilitares que asesinan y torturan, en manifestantes incendiarios, y golpes militares con su secuela de represión brutal. Su libertad es nuestra esclavitud. Por eso es necesario y urgente revitalizar nuestra Internacional.

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